Segunda Vuelta: Reformas y Gobernabilidad

Columna de Opinión por Cristian Rodríguez, Director del Instituto de Políticas Públicas

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La segunda vuelta presidencial se ha transformado en una nueva elección. Ambas candidaturas necesitan crecer y entusiasmar no solo a los electores propios, sino también crecer hacia el centro socio político, apelar a aquella mayoría de ciudadanos, que distantes de los polos, esperan transformaciones con estabilidad y gobernabilidad .Ambas campañas se han desplazado hacia el centro buscando interpretar a aquellos electores, para ello, los equipos de campaña han debido integrar a aquellos representantes de las fuerzas afines de más al centro que compitieron en la primera vuelta.

Pero lo más relevante del desplazamiento de ambas candidaturas que apelan al elector moderado, es la transformación de sus respectivos programas de gobierno. Durante la primera vuelta, dichos programas estuvieron dirigidos a asegurar la cohesión de las fuerzas propias, que permitieran pasar a la siguiente fase, con una oferta de propuestas rotundas, simples, nítidas y sin contornos para los sectores afines. En cambio, en esta etapa los programas se transformaron y moderaron, las propuestas de políticas públicas se ajustaron a la necesidad de conquistar al elector moderado, y se adaptaron a las reales posibilidades políticas y económicas del país ante la eventualidad de ser gobierno en marzo.

En el nuevo ciclo, el mayor desafío de quien resulte electo será recobrar la gobernabilidad, o sea realizar las transformaciones ofrecidas con estabilidad en un país convulsionado política, económica y socialmente. La gobernabilidad será un requisito desafiante no solo por el virtual empate en el parlamento, sino por la amplia fragmentación de las fuerzas políticas en el futuro Congreso, lo que no solo impedirá la imposición de políticas de un sector sobre otro, sino un lento proceso de construir acuerdos.

Desde el regreso a la democracia, las elecciones presidenciales se definían tácitamente en primera vuelta, quedaba menos de un 25% de electores para disputar en la segunda vuelta, no ocurre así en esta elección donde casi un 46 % de los electores que votaron deberán rebarajar nuevamente segundas opciones. La decisión de esta elección quedará en manos de un porcentaje significativo de electores que se identifican con posiciones intermedias del espectro político, valórico y económico.

Se ha planteado, que será el miedo a una u otra opción el que definirá la conducta de quienes resolverán esta elección. Sin embargo, las demandas por reformas del 18 / 2019 que resultaron en la Convención Constituyente no han desaparecido. En definitiva, quien resulte electo será aquel que mejor logre demostrar que representa aquellas reformas que mejorarán el bienestar de amplios sectores, y por otra parte, convencer ser la opción que asegura una gobernabilidad que no ponga en riesgo los aspectos positivos de lo avanzado.

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