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Javier Cifuentes: “Las familias más vulnerables sienten lo que nosotros identificamos como las tres A: abandono, abuso y angustia”

El director de TECHO Chile en la región de Antofagasta, nos comenta las dificultades que deja la pandemia en los campamentos y cómo el crecimiento de estos lugares se anunciaba en las cifras desde hace unos años. En entrevista con el Instituto de Políticas Públicas (IPP) de la Universidad Católica del Norte (UCN), conversó sobre lo que se vive en la marginalidad social: la solución para muchas personas a quienes se les han cerrado las puertas de la ciudad.
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Por María Bernardita Salles

Es martes pasadas las cinco de la tarde, Javier Cifuentes (26) se conecta a Zoom, es la última actividad que le queda por hoy. Sabe que lo que los convoca es el aumento innegable de los campamentos en Antofagasta, que ya alcanzan a ser 89 asentamientos, según el último catastro del MINVU. Él ya ha hablado del tema en medios, pero aceptó conversar con el IPP que está terminando una investigación al respecto.

¿Cómo defines tú un campamento?

Un campamento es ocho o más familias que viven geográficamente contiguo, con la situación de terreno irregular y que no tienen acceso a uno o más servicios básicos como agua potable, electricidad y un sistema de alcantarillado.

La investigación del IPP se basa en el aumento que hay de los campamentos en Antofagasta, ¿qué factores crees que han incidido en su manutención, incremento y proliferación?

Nosotros en los últimos años hemos visto el territorio, cómo los campamentos han ido en aumento. En 2011 el Ministerio de Vivienda y Urbanismo hizo un catastro nacional; en ese tiempo, se decía que había 27 mil familias viviendo en situación de campamento. El último catastro que hizo el MINVU fue en el año 2019 y ahí arrojó que habían cerca de 47 mil familias, ósea que hubo un aumento de casi de la mitad de las familias que viven en esta situación.

Vemos que el problema está en la ciudad, donde la ciudad está excluyendo a muchas familias y, al final, el campamento se está convirtiendo en una solución habitacional, para miles de familias que no están encontrando un espacio en las distintas comunas.

Los principales motivos que nosotros hemos identificado este tiempo tienen que ver con aspectos económicos: los bajos ingresos de la familia, la pérdida de la fuente de ingreso y los altos valores de los arriendos.

Otro de los motivos para que familias estén llegando a campamentos, es porque viven de allegadas, ósea varios grupos familiares en una vivienda; o familias que viven en sectores más inseguros y que sienten tanto miedo de vivir en el lugar que prefieren irse, y encuentran en el campamento una solución.

Entonces, desde TECHO entendemos que los campamentos se están convirtiendo en un síntoma de una situación que estaba pasando antes. Vemos que el problema está en la ciudad, donde la ciudad está excluyendo a muchas familias y, al final, el campamento se está convirtiendo en una solución habitacional, para miles de familias que no están encontrando un espacio en las distintas comunas.

Dentro de los campamentos, ¿crees que ha aumentado la vulnerabilidad?

El estallido social y, después, todo lo que ha significado la pandemia, ha tenido un fuerte impacto económico en el bolsillo de las familias; entonces, hemos visto un gran aumento a nivel nacional de familias en campamentos. Si en 2019 teníamos 47 mil familias en campamentos, de acuerdo con el último estudio que nosotros sacamos en marzo de este año, actualmente, tenemos cerca de 82 mil familias. Hubo un aumento histórico de familias viviendo en campamentos.

¿Hace cuántos años que no había una cifra de esta magnitud con respecto a la cantidad de campamentos?

Nosotros veíamos una constante de que los campamentos venían aumentando significativamente hasta el 2019. Creo que la detonante de lo que ha sido el último tiempo fue el estallido social, en un primer período, donde muchas familias perdieron su fuente laboral; y en otra instancia, y que ha aumentado bastante, ha tenido que ver con la pandemia.

Esto ha generado el aumento de campamentos que ha sido una explosión y nos lleva a una cifra que desde el año 2006 no había habido. Las medidas que ha adoptado el Gobierno y el Estado de Chile para poder apoyar a las familias no han sido suficientes para poder acompañarlas y evitar que más familias caigan en la línea de la pobreza; que es lo que también arrojó hace unos días atrás la CASEN

Si en 2019 teníamos 47 mil familias en campamentos, de acuerdo con el último estudio que nosotros sacamos en marzo de este año, actualmente tenemos cerca de 82 mil familias. Hubo un aumento histórico de familias viviendo en campamentos y eso se ve principalmente por razones económicas…

Mencionabas que el manejo de la situación por parte del Estado no ha sido la adecuada ¿qué déficit crees que hay de Políticas Públicas y hacia dónde debieran dirigirse?

Es importante destacar que estamos viviendo un momento histórico con el proceso constituyente. Actualmente, el derecho a la vivienda no está garantizado en la Constitución de Chile; creemos que, dado el nuevo contexto, es muy importante que la nueva Constitución garantice y, de esa manera, promueva al Estado a usar los mecanismos para crear un sistema que permita que cada familia pueda acceder a una vivienda.

Hoy en día, hay una profunda crisis de acceso a la vivienda, que sería otra de las tantas crisis que tenemos en Chile. Los campamentos son una válvula de escape o una salida para muchas familias que no la están encontrando a través de las Políticas Públicas que tenemos. Entonces, es muy importante abordar y cambiar la forma en que se ha estado trabajando con las Políticas Públicas. Por ejemplo, trabajar en medidas vinculadas a la transitoriedad; hablar del subsidio de arriendo; ver la posibilidad de hacer un banco de suelos, que quede a disposición para la construcción de viviendas sociales. Actualmente, el valor del suelo depende totalmente del valor del mercado; entonces, esto hace más difícil encontrar buenos terrenos bien localizados, y que, al final, permitan a las familias más vulnerables tener un lugar conectado a servicios básicos.

Mencionabas que el manejo de la situación por parte ¿Qué programas tiene TECHO y cómo está trabajando en la región de Antofagasta específicamente?del Estado no ha sido la adecuada ¿qué déficit crees que hay de Políticas Públicas y hacia dónde debieran dirigirse?

Como Fundación estamos trabajando en 13 campamentos ubicados en Calama y Antofagasta. Nuestra manera de trabajar es con voluntarios, jóvenes entre 15 y 25 años;

instalamos o promovemos una instancia de diálogo que se llama mesa de trabajo, que es un espacio donde se reúnen voluntarios y dirigentes o líderes comunitarios. A través de ese

espacio, que funciona de manera presencial (no en pandemia), nos juntamos a conversar, soñar y discutir problemáticas y, por medio de esa instancia, se busca darle solución a problemáticas y necesidades que la misma comunidad está levantando.

Se generan proyectos comunitarios, iniciativas que en muchos casos son relacionados a la educación, de qué manera podemos disminuir la brecha educativa. Otras líneas de acción tienen que ver con el mejoramiento del entorno en los campamentos, falta de áreas verdes, plazas, mejorar las sedes, entre otros. En otra medida, buscamos dar solución a algunos casos críticos de habitabilidad.

¿Ustedes tienen alguna medida para ayudar a personas que viven hacinadas?

Nosotros desde TECHO tratamos de aportar con voluntarios para mejorar la situación. Pero, también entendemos que TECHO no lo puede hacer solo; buscamos otras redes, tratamos de trabajar con la autoridad local, el Municipio, con el Programa de Campamentos de SERVIU y, de esa manera, tratar de encontrar una solución más sostenible en el tiempo.

Es clave que la autoridad, tanto el Programa de Campamentos como el Municipio, se haga presente en esos lugares. Los que hemos visto, el diagnóstico que tenemos nosotros en el último tiempo y que creo que también quedó evidenciado con el estallido social en octubre de 2019, es que las familias más vulnerables sienten lo que nosotros identificamos como las tres A: abandono, abuso y angustia.

Creemos que estas tres palabras resumen el despertar que hubo en octubre de 2019: las familias demandan mucha más presencia del Estado, que sean considerados en las decisiones que se están tomando, que sean considerados desde el inicio, que puedan sentirse protagonistas de sus soluciones y que puedan opinar. Cada comunidad es diferente y creemos que las Políticas Públicas tienen que acoger este tipo de particularidades, porque así las Políticas Públicas funcionan mejor, hay más pertenencia de las personas a esas soluciones.

Cada comunidad es diferente y creemos que las Políticas Públicas tienen que acoger este tipo de particularidades.

 

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