Desarrollo Urbano Sustentable

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Los centros urbanos han evolucionado en forma dinámica y acelerada en las últimas ocho décadas, y supuestamente dejaron de ser los antiguos centros de congregación de males, caóticas, desordenadas, sucias, peligrosas, desagradables y con una trama indeterminada, para convertirse en nuevos centros de bienes y servicios, ordenadas, más seguras, limpias, interesantes, con tramas definidas, que traen progreso-desarrollo a sus ciudadanos. Tal fenómeno de cambio y crecimiento no fue dado en forma espontánea, sino que emergió en 1930 a partir de la premisa de Darwin, proyectada del universo a las ciudades, es decir, como el universo no es estático pero se mantiene regido por ciertas leyes naturales, las ciudades tampoco lo son, y mediante la normatividad, provista por la planificación racional, se conducirán los procesos de urbanización.  Así se marcó el norte de la planificación urbana.

Greene (2005) critica la planificación urbana, basada en la normativa funcionalista, muy común en latinoamérica, caracterizada por su ingenuidad, por plantear que toda necesidad podía ser satisfecha con la misma respuesta; por pensar que, siendo las necesidades de todos los hombres equivalentes -habitar, estudiar, trabajar, diversión y movilización-, bastaba el diseño de una unidad urbana ideal para satisfacer a todos los ciudadanos, en todas las naciones y sobre cualquier territorio. Al parecer, en pleno siglo XXI no se ha superado tal ingenuidad, pues lo homogenización producida por el fenómeno de la globalización mantiene parcialmente este equivocado modelo de planificación urbana. No obstante, los avances a partir de investigaciones relacionadas a dicha temática impulsan versiones más innovadoras, fundamentadas en una visión más holística y premisas emergentes desde el encuentro de la sociedad civil, con lo público y lo privado, incorporando el territorio (llamado también ecosistema, medio ambiente o naturaleza).

Por ello las huellas del desarrollo urbano pueden rastrearse desde el impulso y la apropiación que los arquitectos dieron a la planificación urbana varias décadas atrás, asumida como su deber ser, sin embargo al enfrentar actualmente el hecho que un 75% de la población mundial habita las urbes le imprime tres giros rotundos al tema: el primero, dicho desarrollo no solo debe ser abordado por una disciplina sino mediante el trabajo inter y multidisciplinar; segundo, la escala pertinente del desarrollo urbano es la escala regional; y tercero, el abordaje del desarrollo urbano regional debe hacerse de manera holística para orientarlo hacia la calidad de sustentable.

En consecuencia, las temáticas urbanas se han configurado en un eje central relevante para la sociedad, los gobiernos, la empresa privada y la academia, abordadas desde perspectivas estructurales y multidisciplinarias lo que se convierte en el máximo desafío, no del futuro sino de ahora, es decir, las perspectivas sectoriales deben ser enfrentadas inmediatamente para integrarlas en las agendas a través de la transversalidad de la sustentabilidad, y potencializadas mediante las políticas públicas para gestionar un desarrollo urbano regional sustentable.

Antofagasta, Calama, San Pedro de Atacama, entre otras urbes se alinean, en procesos bien diferenciados, con las actuales demandas de las agendas urbanas locales latinoamericanas que intentan entretejer programas y proyectos relacionados con desarrollo urbano, estudios regionales y metropolitanos, sistemas urbanos y regionales, transformación y conservación de ecosistemas, ordenamiento y desarrollo territorial, gestión ambiental, eficiencia energética, cambio climático, gestión integral del riesgo, desarrollo económico, sistemas productivos, minería, calidad de vida, sistemas de transporte masivo, sociedad y cultura, turismo, entre otras. La finalidad es dar solución a problemas sociales, dar atención las necesidades de las comunidades, por ende se posiciona en el desarrollo urbano sustentable una corriente epistémica antropocentrista, en procura de velar por la calidad de vida de los residentes urbanos tanto a la escala local como regional.

La dinámica registrada en la II Región se identifica con las investigaciones que analizan la evolución y crecimiento de las ciudades, a partir de las cuales bien puede afirmarse que en sus inicios tenían límites nítidos y concretos desde su fundación hasta mediados del siglo XX aproximadamente; hoy en día corresponden a una “creciente mancha de aceite”, a una jungla urbana en permanente expansión (excepto poblaciones como Ollagüe) caracterizada por una infraestructura vial compleja que incita al growth sprawl a través de la dinámica inmobiliaria, con numerosos tentáculos ahondando las externalidades negativas. En consecuencia, las ciudades transforman los ecotonos circundantes… “esas hectáreas de transición entre lo urbano y lo natural, donde también es preciso considerar la identidad de lo rural inmerso entre ambos” (León, 2011), por una demanda creciente de recursos naturales, y una insospechada incorporación de territorios “ajenos” para disponer sus residuos, sus emisiones y vertimientos.

Un apoyo teórico para abordar dicha situación es la coevolución propuesta por Norgaard (1984), la cual profundiza en las relaciones entre los sociosistemas y los ecosistemas,  fenómeno que se expresa de manera nítida en las ciudades, debido al metabolismo urbano que incorpora la entrada de recursos naturales (renovables y no renovables) y la salida tanto de productos como de externalidades, algunas negativas (p.e. emisiones y vertimientos contaminantes). Dicho metabolismo hace evidente que las ciudades han desbordado sus propios límites político-administrativos para su funcionamiento, la mayoría de los asentamientos humanos -por no decir todos- involucra además de los territorios donde está la concentración social, otros territorios rurales y naturales circundantes o distantes.

Entonces la búsqueda permanente de un nuevo punto de equilibrio de dichos procesos dinámicos que caracterizan el metabolismo urbano, se concibe como un eje central del desarrollo urbano sustentable. En este sentido, el interés común y al cual le apunta ORDSA es develar los asuntos relevantes sobre las ciudades y los territorios circundantes, al igual que los ciudadanos que las habitan y su intrínseca relación con los ecosistemas que los sustentan, para aportar al mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades en la II Región de Chile: Antofagasta.

 

Jonathan Barton

Silvia León

Investigadores

 

BIBLIOGRAFÍA

Greene, R. (2005). Pensar, dibujar, matar la ciudad: orden, planificación y competitividad en el urbanismo moderno. En EURE. Volumen.31, No.94, páginas 77-95. Revisada en agosto 2008. http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0250-71612005009400005&lng=es&nrm=iso>. ISSN 0250-7161.

León, S. (2011). Indicadores de Tercera Generación para Cuantificar la Sustentabilidad Urbana. Avances o Estancamiento?. Artículo en edición de la Revista EURE.

Norgaard, R. 1984.  El Potencial del Desarrollo Coevolucionista. Departamento de Economía Agraria y de los Recursos Naturales. Universidad de California. Berkeley. Traducción de María Isabel Núñez y Federico Aguilera.