Emilio Ricci: “No hay un modelo teórico de intervención o de procesos de trabajo para migrantes”

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El buen momento económico que ha vivido Chile en la última década, ha explicado el gran número de inmigrantes extranjeros y nacionales que han llegado hasta la Región de Antofagasta, quienes buscan en estas tierras un mejor pasar.

Durante los últimos cinco años, aproximadamente, un gran número de colombianos llegó a habitar a la región, lo que ha provocado replantearse las políticas públicas sobre migración. Parte de la comunidad extranjera ha vivido algunas situaciones de discriminación, lo que ha provocado división entre la población chilena respecto a este tema.

Para conocer un poco más del fenómeno migratorio, las reacciones de la comunidad antofagastina frente a él, y las posibles soluciones a la estigmatización y discriminación que sufren, conversamos con Emilio Ricci,  director del Proyecto Innovación Social «Triple-Cuadruple Hélice» y académico de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica del Norte.

 

¿Cuál ha sido su experiencia trabajando en temáticas migratorias?

El primer trabajo que se realizó fue instalar  ciertas líneas de acción en los procesos migratorios y de los  primeros niveles donde ya se percibía un Emilio-Ricci-Perfil-283x300prejuicio más sutil que evidente hacia la población  que ya estaba erradicada o llegando. Estas eran las poblaciones peruanas, bolivianas, argentinos y pocos colombianos. Hasta el año 2013 nosotros ya comenzamos a trabajar en función de una atención psicosocial dirigida a apoyar los procesos de relación con el Estado y las condiciones sociales de habitalidad, formación, y otros elementos. El 2013 trabajamos con los hijos  de migrantes, entendiendo que ya no era algo de una persona, sino que existía la migración de familias. El 2009 teníamos alrededor de uno 7 mil a 8 mil migrantes y el año 2013 se alcanzaron los 30 mil. Creció la población migrante de una forma enorme.

No hay un modelo teórico de intervención o de procesos de trabajo para migrantes. Se habla de un modelo intercultural, pero es más una declaración de intenciones porque falta un desglose acabado para saber qué se entiende por ese modelo. Tampoco hay condiciones de trabajo y sí hay mucho desconocimiento en función de las necesidades de los migrantes respecto a la reglamentación, derechos y deberes.

El año 2012 hicimos una guía para migrantes, tomando la que había hecho INCAMI y la adaptamos para las necesidades de Antofagasta. En ella dimos  cuenta de todas las áreas en las cuales la población migrante no podría acceder a cierta información y las oficinas públicas no la  integraban tampoco por dos razones: por política o por desconocimiento.

No hay un modelo de trabajo para migrantes ni un modelo teórico para que pueda resolverse ciertos asuntos en los cuales se define integración. El modelo de integración implica  una concepción de superpartes en donde quien- migrante- se debe adecuar a las condiciones  que encuentra al llegar al lugar. Esto es diferente a los procesos de inculturación o de interculturalidad, en los cuales pienso que es un  modelo donde se reconocen competencias a la población migrante, evitando todos los  elementos que discriminan las condiciones en las  que el migrante se encuentra. Lo anterior exige que desde la población hasta las instituciones del gobierno, entiendan qué es migrante, cuáles son los fenómenos que implican, estigmatizaciones, entre otros.

 

¿De qué manera se puede terminar con la estigmatización o discriminación?

Lo que falta a mi juicio es claridad en las instituciones sobre los modelos que se debieran utilizar. El Gobierno y el Estado, no tienen un modelo de intervención sistemático, sino que resuelven cosas puntuales y la condición migrante respecto a los niveles de crecimiento habla que la Región de Antofagasta, como la Región Metropolitana, son las que tienen los más altos índices de población migrante extranjera. Eso significa que la población que llega no va a cambiar su espacio de donde se ubica. Es una migración que busca mejores condiciones de vida, pues la región tiene buenas condiciones económicas.

El problema es que no hay ningún proyecto que sea de cómo enfrentar el fenómeno, salvo una mesa de migración donde la sociedad regional ha reunido a diferentes instituciones. Lo segundo es que por primera vez se cederán espacios de Bienes Nacionales para que la población migrante que está en campamentos pueda acceder.

Faltan modelos que de algún modo ayuden a los procesos. Lo que acontece es que la población migrante ha hecho mutar la percepción de la misma ciudad, respecto a alimentación variada, integración de productos nuevos que ahora son apetecibles, han cambiado ciertos barrios, entre otras cosas.

Existen precarias políticas públicas, pocos espacios de investigación, no sólo al diagnóstico sino que proyectos que den resultados. Faltan propuestas que sean adecuadas para el largo plazo para que responda a las reales necesidades.

 

¿Es la educación una solución para entender la migración y empatizar con el inmigrante?

De todas maneras. En Italia hicimos un estudio sobre qué hace que una persona extranjera termine por integrarse al espacio social, y afirmamos que los jóvenes tienen más facilidades para entrar en relaciones con los demás individuos. Los adultos, por una serie de características y preconceptos, se les complican un poco.

Los chicos van teniendo un sentido de pertenencia. Los chicos van cambiando su manera de hablar para ir siendo cada vez más aceptados.

Es necesaria la educación, pero en función de algo y no existe un modelo. Hay proyectos psicoeducativos, pero acá se necesitan  políticas que hagan de una sociedad homogénea e intercultural. Eso requiere  otros conocimientos que acá no existen.

Las intervenciones deberían ser en un ámbito multi e interdisciplinario, en función de todas la esxperticies necesarias para poder abrir el abanico de  conocimiento. Si hablamos de niños de la escuela, debemos hablar también de quien está a su alrededor; su familia, docentes, compañeros, entre otros. No se puede resolver en función de una arista.

Todo ese proceso  no responde a una proyección a largo plazo, sino en función de aquello que dificulta en el momento.

 

¿Existe más discriminación hacia la comunidad colombiana que hace otras que han habitado desde antes la región?

Eso se debe al espacio de socialización. Una población migrante que viene huyendo de una guerra interna, de un país que es reconocido como el más grande  traficante de drogas, y eso implica que colombianos se vean como traficantes. Además, la población femenina tiene una relación con el cuerpo diferente a la chilena. También la prensa local ha socializado sobre los colombianos por necesidades de ventas o ser reconocidos, necesitan noticias que atraigan la atención. La información negativa llama más la atención que la positiva. Los elementos  anteriores hacen que la población colombiana sea discriminada.

La población ha perdido la cogida, por muchas razones, se ha volcado a encerrarse en sí misma. Eso puede llevar a nacionalismo que puede llevar a episodios indeseados.